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Cuando el tiempo no lo cura todo

Todo pasa, pero a veces se nos pasa la vida esperando a que pase…

Así nos dicen cuando nos vemos ante una situación dolorosa en la vida, dale tiempo que el tiempo todo lo cura, pero no es así, no siempre es así, el tiempo es solo tiempo dado para que hagamos algo con nuestro dolor, y por mucho es simplemente como tierra que vamos echando sobre algo, una emoción o sentimiento, que está latente en nuestro interior esperando a ser expresado. Todo pasa, sí, pero para que realmente pase y sane la herida hay que dejar que el dolor que nos inunda realmente pase por nosotros y no pretender que se diluya en el tiempo. El tiempo no disuelve nuestra penas, nuestro dolor, solamente nos da espacio para que nosotros mismos hagamos el trabajo de disolverlo en nuestro ser, de integrarlo, de volvernos uno con el dolor para que no se vuelva sufrimiento.


Sucede que podemos educarnos con la creencia de que el tiempo todo lo cura, hasta que nos damos cuenta que por nada en la calle un día comenzamos a llorar, y si investigamos a fondo que dispara este llanto, podemos darnos cuenta que es un duelo pendiente, una pérdida no procesada, un dolor no expresado en su momento, el dolor de una ausencia no integrada.

Y entonces, nos damos cuenta de que el sol no se tapa con un dedo, y la penas eventualmente debemos afrontarlas o simplemente la vida nos seguirá mandando un poco más de lo mismo hasta que sanemos, hasta que nos demos cuenta que somo artífices y maestros de nuestra propia sanación y creadores de nuestra felicidad. Y nos damos cuenta, que el tiempo es sólo una herramienta como el llanto, que abre miles de posibilidades hacia la sanación pero que por si sola y sin un trabajo propio y consciente realmente, en el fondo no cambia nada.






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